Los principios de la otra derecha

Prólogo

Fue un 14 de julio de 1789 en París, la toma de la Bastilla, el evento considerado por los historiadores como el origen de la era actual; por primera vez se reúne la Asamblea Nacional Constituyente para la redacción de una Constitución y, por supuesto, la decisión del futuro político del país.

Es en esta primera cita cuando, sin intervención alguna, estos se agrupan en tres bandos. A la derecha del presidente se situó el grupo de la Gironda (Los Girondinos), a la izquierda, el grupo de la Montaña (Jacobinos). Asimismo, en el centro, se mantuvieron las personas indecisas o no partidistas (La Marisma o el Llano). Es en este contexto de la Revolución Francesa, cuando los términos “izquierda” y “derecha” política abren sus ojos al mundo: la democracia había vuelto a nacer.

Los Girondinos apostaban por una monarquía parlamentaria y derecho de sufragio no universal (eliminando el derecho a las clases no propietarias); tenían el apoyo de una parte de la nobleza, de la burguesía y de los propietarios.

Los Jacobinos en cambio eran partidarios de una república y de un sufragio universal, y por ello gozaban del favor de las clases populares.

Es por ello que desde esas fechas, todo aquel que tuviera ideas conservadoras es tildado de “derechas”, mientras que los más progresistas son de  “izquierdas”.

¿Qué nos pasa ahora?

Aunque con matices y cambios de vocabulario a través de las distintas transformaciones sociales habidas a la largo de la historia, la palabra izquierda sigue conservando ese sabor de igualdad, fraternidad y conciencia colectiva. Hoy día, representa esa alternativa al modelo neoliberal que degrada las condiciones en favor de las élites económicas. Es por ello que, en los procesos democráticos de empoderamiento y dignificación, el color rojo está al lado del ecologismo y el feminismo; de la bandera del Estado que vela por el interés de todos.

Para que la izquierda no entre en la merma a la que quiere conducirla la vigilia intoxicadora  capitalista, es necesario que ella misma aprenda a cuidarse, que se cohesione y se mime para facilitar sus avances electorales. Su intervención en el Estado debe poner la política al servicio de la ciudadanía… No de los bancos y de las grandes multinacionales.

Todo esto puede sonar a viejo, y así es, tan viejo como la maldad de no tener consideración hacia el semejante; pero es lo que veo todas las mañanas cuando me asomo a la realidad de la calle y sus medios de comunicación. El capitalismo es tan agresivo y contaminante que vicia y corrompe hasta el aire que respiramos. Su dominio de los adjetivos del tiempo es parte de su sistema de explotación, por eso es tan importante no entrar en su insidia lingüística y dialéctica.

Si los militantes del PSOE quieren cuidar la izquierda y ofrecer una alternativa al neoliberalismo con aderezo Españolista del “neo-nacional-catolicismo” representado por PP y Ciudadanos, necesitan que sus dirigentes cuestionen las normas del sistema establecido proyectando una idea de país libre de la losa Franquista. Tal como está el panorama electoral, la ciudadanía progresista exige un PSOE cercano a la izquierda, si bien, también exige un Podemos que aprenda a cuidarse y que no herede los errores de la vieja Izquierda Unida.

Si bien hubo un tiempo en el que cuidar a la izquierda y evitar las divisiones suponía cuidar a Izquierda Unida, creo que hoy cuidar a la izquierda es cuidar a Podemos o, más concretamente, cuidar a Pablo Iglesias, blanco de una derecha, como digo, especialista en aprovechar los errores ajenos.

La solución a esta tribulación no es muy complicada, tan sencilla que siento algo de pudor al escribirla. La derecha, con todas sus carencias ideológicas de base, es capaz de recoger el voto del trabajador convenciéndole de que son la solución sensata, la correcta, la verdadera única viable. Para ello, utiliza sin escrúpulo los  más pueriles medios que están a su alcance: pervierte la justicia, corrompe las fuerzas del estado, manipula los medios de comunicación. ¿Dónde está la izquierda que desenmascara todas estas tropelías?… Aún recuerdo a ese PSOE humillado en el congreso, aquel que su indignidad hizo levantar al 15M.

No olvidemos, nadie es perfecto, asumámoslo, la condición humana se identifica más por sus errores que por sus aciertos; el votante de izquierdas nunca debe olvidar esto.

La diversidad de la izquierda es su bien más preciado, porque la hace crítica y divergente, pero no debe olvidar quién es su oponente, aquel que la intoxica con la insidia mediática que le inserta el miedo. El votante de izquierdas debe conectar con su yo reflexivo,  aquel que le empuja a proyectar una forma distinta de hacer las cosas, al que progresa.

Con probabilidad, de salir un gobierno de izquierdas, seguramente se lleve decepciones, pero ello no debe importarle, él es crítico y sabe castigar con el voto, activo, contestatario; porque en el momento que se acomode, ahí estarán los de siempre para quitarle lo que por naturaleza le pertenece, la oportunidad de vivir dignamente sin abusar, ni sentirse más que nadie.

Post basado en artículo de opinión de Luís García montero @lgm_com en diario digital InfoLibre.

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