La Gandula

La ley de vagos y maleantes, conocida popularmente como La Gandula, fue una ley española aprobada por la II República​ en 1933, con el consenso de todos los grupos políticos, referente al tratamiento de vagabundos, nómadas, proxenetas y otros comportamientos considerados antisociales y que, posteriormente, fue modificada para reprimir también a los homosexuales.

En principio fue una ley que no sancionaba delitos sino que intentaba evitar la comisión futura de los mismos, por tanto, no incluía penas, sino medidas de alejamiento, control y retención de los individuos supuestamente peligrosos hasta que se determinara que se había acabado su peligrosidad. No obstante, su desarrollo reglamentario desvirtuó completamente la ley llegando a crear campos de concentración, denominados Reformatorios de Vagos y Maleantes​, siendo ésta utilizada arbitrariamente para la represión de las personas sin recursos.

Ámbito

La categorización de las conductas antisociales a perseguir incluidas en el artículo 2 de la ley, eran las siguientes:

a) Los vagos habituales.
b) Los rufianes y proxenetas.
c) Los que no justifiquen cuando legítimamente fueren requeridos para ello por las autoridades y sus agentes, la posesión o procedencia de dinero o efectos que hallaren en su poder o que hubieren entregado a otros para su inversión o custodia.
d) Los mendigos profesionales y los que vivan de la mendicidad ajena o exploten a menores de edad, a enfermos mentales o a lisiados.
e) Los que exploten juegos prohibidos o cooperen con los explotadores a sabiendas de esta actividad ilícita, en cualquier forma.
f) Los ebrios y toxicómanos habituales.
g) Los que para su consumo inmediato suministren vinos o bebidas espirituosas a menores de catorce años en lugares y establecimientos públicos o en instituciones de educación e instrucción y los que de cualquier manera promuevan o favorezcan la embriaguez habitual.
h) Los que ocultaren su verdadero nombre, disimularen su personalidad o falsearen su domicilio mediante requerimiento legítimo hecho por las autoridades o sus agentes, y los que usaren o tuvieren documentos de identidad falsos u ocultaren los propios.
i) Los extranjeros que quebrantaren una orden de expulsión del territorio nacional.
j) Los que observen conducta reveladora de inclinación al delito, manifestada por el trato asiduo con delincuentes y maleantes; por la frecuentación de los lugares donde éstos se reúnen habitualmente; por su concurrencia habitual a casas de juegos prohibidos, y por la comisión reiterada y frecuente de contravenciones penales.

La aplicación de la ley

Tal y como diputados socialistas y juristas progresistas habían vaticinado, las derechas, una vez que alcanzaron el poder en las elecciones de 1933, hicieron un uso abusivo de la ley. Es así, como durante el bienio negro (1933 – 1935),  periodo de desnaturalización de la República, se desvirtuó su espíritu y su letra.

Un hito fundamental en la desvirtuación de esta ley fue la aprobación en 1935 del Reglamento sobre Vagos y Maleantes, donde, en palabras del Conde de Romanones: “ustedes hagan la ley, que yo haré el reglamento”. Ese reglamento, contradiciendo todo principio jurídico, alteró el contenido de la ley mediante la adición de nuevas categorías del estado peligroso y la inclusión de una cláusula final que posibilitaba la interpretación analógica (herramienta interpretativa que la ley otorga a un juez para aplicar una norma a un supuesto distinto del que contempla, basándose en la similitud entre ambos), lo que sin duda, fue pieza clave de las actuaciones arbitrarias del gobierno.

Resultado de imagen de conde de romanones
Conde de Romanones

En este contexto, abundó el castigo automático de los delitos contra la propiedad, declaraciones de peligrosidad sin análisis psicológico, ausencia de individualización de la pena, evitación anticipada de formas de reincidencia y otros actos que iban contra la esencia misma de la ley. La Gandula fue usada contra individuos que no tenían recursos y que resultaban molestos en ciertas poblaciones, ya que una de las medidas que se incluían era la expulsión de un determinado lugar o la obligación a residir donde el juez decidiese. Se convirtió así en una ley contra los más desfavorecidos.

Esta desnaturalización de la norma, se tradujo, no sólo en la oposición a la misma por parte de uno de sus creadores, Luis Jiménez de Asúa, sino en el rechazo de las izquierdas, que propugnarían la derogación de la ley.

Los campos de concentración

La ley incluía en su articulado una mención especial para el tratamiento que se debe dar a todos los condenados por los juzgados creados para este cometido. En el capítulo II, incluye el internamiento en campos de trabajo y de concentración.

La apertura de uno de estos complejos en Alcalá de Henares fue noticia en toda la prensa de la época. Especialmente para La Vanguardia y ABC, así como para la revista Estampa, que realizó un monográfico.

Portada Estampa
Publicación 18 agosto 1934 sobre los campos de concentración

La creación de estos campos de concentración fue acogida con horror por las posibles víctimas de La Gandula, en una época en la que el hurto para subsistir, el desempleo o la mendicidad, estaban muy extendidas en todo el territorio español. Esta ley sancionaba el simple hecho de ser pobre como posible inquilino de uno de estos campos de trabajo.

“Me voy de España espantado al solo pensamiento de caer en las mallas de ese tormento penitenciario…Esto se pone muy mal, no hay conciencia. Quieren acabar con todos nosotros” decía uno de los posibles afectados por esta ley a la revista.

Los presos en los campos de concentración estaban obligados a realizar trabajos forzosos, en su mayoría en colonias agrícolas. La mayoría de los reclusos eran ladrones de poca monta y presos que fueron juzgados en virtud del capítulo uno de la ley, los vagos habituales, o lo que es lo mismo, desempleados. Por otro lado, los que casi nunca llegaban a entrar en el campo de concentración debido a su alto poder adquisitivo, eran los denominados “jugadores de ventaja y rufianes”, los comerciantes de mujeres o proxenetas. “Hay un individuo, tratante de blancas, que al ser detenido en Madrid explotaba a cuatro mujeres, tenía alquiladas dos casas, poseía automóvil, guardaba en una cuenta corriente cerca de diez mil duros y tenía un maravilloso guardarropa con diez y ocho o veinte trajes de corte y calidad impecables”.

Trabajos forzados
Condenados realizando trabajos forzados en campos de concentración

Modificación de Franco en 1954

La ley de vagos y maleantes se mantuvo vigente hasta prácticamente 1970 con una pequeña modificación hecha en 1954 por la dictadura Franquista. La adenda consistió en un apartado de la categorización de las conductas antisociales, en la que se incluyó la homosexualidad como un delito a perseguir. En el resto de articulado mantuvo el espíritu y la letra de la ley de 1933.

Artículo primero: (…) el número segundo del artículo segundo y el número segundo del artículo sexto de la Ley de Vagos y Maleantes, de cuatro de agosto de mil novecientos treinta y tres, queda redactados de la siguiente forma:

Artículo segundo.- Número segundo.- Los homosexuales, rufianes y proxenetas…

Artículo sexto.- Número segundo.- A los homosexuales, rufianes y proxenetas, a los mendigos profesionales y a los que vivan de la mendicidad ajena, exploten menores de edad, enfermos o lisiados, se les aplicarán para que las cumplan todas sucesivamente, las medidas siguientes:
a) Internado en un establecimiento de trabajo o colonia agrícola. Los homosexuales sometidos a esta medida de seguridad deberán ser internados en instituciones especiales y, en todo caso, con absoluta separación de los demás.
b) Prohibición de residir en determinado lugar o territorio y obligación de declarar su domicilio.
c) Sumisión a la vigilancia de los delegados.

En 1970 fue derogada dando paso a la ley sobre peligrosidad y rehabilitación social que mantenía los mismos principios represores estableciendo penas de hasta 5 años de reclusión o de internamiento en centros psiquiátricos. A pesar de que durante el periodo democrático esta ley no fue aplicada, sorprendentemente, continuó vigente hasta su derogación en el año 1995.

Conclusión

Para terminar, una reflexión que en anteriores artículos ya he compartido, y es que no debemos olvidar que de aquellos barros, estos lodos. Aunque el matiz, en este caso particular, quizás recaiga en que esos barros no sean tan lejanos y, el lodazal, siga apestando a podredumbre más que nunca; sólo habría que hacer una reflexión sobre nuestra actual “ley de seguridad ciudadana”, nuestra ley mordaza.

Post basado en artículo de @AntonioMaestre en el diario digital lamarea.com.
Nuestro más sincero agradecimiento.

Teoría de la estupidez

Carlo Maria Cipolla ​ (1922 – 2000) fue un historiador económico italiano. Nació en Pavía, y se graduó en la universidad de esa misma ciudad siendo profesor de historia del pensamiento económico en la misma. Su opúsculo titulado Allegro ma non troppo, publicado en 1988, le llevó a la fama. En él, Cipolla trataba de dar una explicación razonable sobre por qué pasan ciertos desastres que difícilmente logramos explicar.

Para Cipolla, hay una fuerza humana más poderosa que las grandes corporaciones o superpotencias, más audaz que las redes criminales más sofisticadas; esa fuerza es la estupidez humana. Su enfoque no pretende ser una denuncia de los males de la humanidad, sino más bien una explicación de las distintas interacciones humanas.

En el mismo libro pueden encontrarse las leyes fundamentales de la estupidez:

1. Siempre e inevitablemente cualquiera de nosotros subestima el número de individuos estúpidos en circulación.

2. La probabilidad de que una persona dada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica propia de dicha persona.

3. Una persona es estúpida si causa daño a otras personas o grupo de personas sin obtener ella ganancia personal alguna, o, incluso peor, provocándose daño a sí misma en el proceso.

Por deducción, de la tercera ley, Cipolla identifica dos factores a considerar cuando se explora la conducta humana: los beneficios y pérdidas que un individuo se causa a sí mismo y, por otro lado, los beneficios y pérdidas que un individuo causa a los otros.

Creando un gráfico en el que se coloca el primer factor en el eje de abscisa y el segundo en el eje de ordenadas, se pueden obtener cuatro grupos de individuos que se detallan a continuación:

Destacar que no todas las personas están todo el tiempo en uno de estos cuadrantes, no todo el mundo es inteligente todo el tiempo, ni bondadoso, estúpido o malvado,  es decir, no es una condición, sino un promedio de la lógica de nuestras acciones.

4. Las personas no-estúpidas siempre subestiman el potencial dañino de la gente estúpida; constantemente olvidan que en cualquier momento, en cualquier lugar y en cualquier circunstancia, asociarse con individuos estúpidos constituye invariablemente un error costoso.

5. Una persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que puede existir.

Para Cipolla, desde el punto de vista estrictamente económico, un Malvado es preferible a un Estúpido, puesto que las actividades del malvado a la postre significan que algunos bienes cambian de manos, mientras que las actividades de los estúpidos no presuponen beneficio para nadie.

Esta línea de pensamiento está relacionada con las reflexiones del economista británico del siglo XIX Jeremy Bentham (1748-1832), el primero en intentar cuantificar la utilidad que reportan a la sociedad las acciones de los gobiernos que la dirigen.

Conclusiones

Es normal que a una persona mentalmente equilibrada le cueste comprender al estúpido; se puede entender la lógica del inteligente, la del malvado, que persigue un beneficio sin escrúpulos, incluso la lógica del bondadoso. Sin embargo, el estúpido carece de toda lógica, dado que no busca ningún tipo de beneficio, es tan impredecible como inoportuno.

Una persona inteligente levanta sus defensas de forma racional, evalúa sus vulnerabilidades y trata de protegerse, pero estas protecciones responden a un comportamiento racional que espera un ataque racional. El estúpido es irracional, no sigue ninguna lógica.

Con respecto a los malvados, pensemos que si el 100% de la población fuese malvada, el mundo no colapsaría, no habría pérdida; la contrapartida llevaría a cierto equilibrio. Dicho esto, se entiende como malvado medio aquel cuyo beneficio iguala exactamente la pérdida neta de su víctima. Un ejemplo sería el del ladrón que roba 1€ y cuya víctima pierde exactamente 1€. Aunque ésta, es una situación ideal, la víctima que pierde 1€ probablemente no pueda disfrutar de un café esa mañana y, por lo tanto, ha perdido algo más que esa cuantía.

El malvado inteligente es aquel cuya ganancia es superior a la pérdida que provoca. Pero, desafortunadamente, los malvados más numerosos son los malvados estúpidos. Un malvado estúpido es aquel cuya ganancia es inferior a la pérdida que provoca. Un posible ejemplo sería que te rompan una luna del coche para robarte un objeto de poco valor.

Un factor que explica el impresionante poder de la estupidez humana es la presencia de estos en puestos de poder o responsabilidad: ya sean presidentes, directores, generales, obispos o diputados, tienen un poder en sus manos que multiplica su capacidad de hacer daño y provocar pérdidas. Muchas veces, los puestos de responsabilidad dependen de la elección de grupos más o menos grandes de personas. Esos grupos contienen una proporción de estúpidos y, por lo tanto, sus elecciones perjudican a los demás y a sí mismos.

Destacar que el estúpido carece de conciencia de ser estúpido. El inteligente sabe que es inteligente, el malvado sabe que es malvado, el bondadoso es consciente de su bondad, pero el estúpido, no sabe que es estúpido. Cree estar en cualquier otra categoría y allá va pisando fuerte.

Para terminar, quisiera compartir parte de los versos de la canción Los idiotas de la agrupación musical Calle 13 en su álbum multiviral.

La idiotez tiene sus puntos a favor, es la única enfermedad en donde el enfermo no sufre, excepto todos a su alrededor. Hacer buenas preguntas ayuda a que no sea contagiosa, la idiotez es colectiva cuando nadie se cuestiona las cosas.

Orwell: la historia la escriben los vencedores

Si hay una persona a la que posiblemente haya tratado mejor la Historia, esa es Winston Churchill. Él mismo lo avisó:

No pararéis de encontrar a gente alabando a Winston Churchill, usando sus frases, poniéndolo como ejemplo y, hasta diciendo frases que no dijo.

Lo que muchos no sabemos es que, tras ese estadista de humor socarrón, se encuentra el máximo responsable de la muerte por inanición de 3,5 a 5 millones de seres humanos en Bengala entre 1942 y 1944. Sí, has leído bien, muertos de hambre.

Lo cierto es que Churchill ya había mostrado  su poco aprecio a la vida humana. En 1915, en la batalla de Gallípoli envió a morir sin dudar a casi 150.000 británicos (ver enlace).

Cinco años más tarde en 1920, por orden de Churchill, se ordenó reprimir a sangre y fuego una rebelión, usando gas contra kurdos e irakíes. Murieron 10.000 personas. Por primera vez se gaseaba a civiles en la Historia, fue Gran Bretaña en Irak. Sobre este suceso, Churchill declaró:

Pero, sin duda, la verdadera carnicería de Churchill llegaría en 1943, usando argumentos, no muy diferentes a quien combatía en Europa.

A pesar de que según los datos existentes, no había carestía en los frentes en los que participaba el Ejército Británico, en 1942 deciden desviar la producción de arroz de Bengala al frente. Por otro lado, la India se convertía en hospedaje de soldados australianos y neozelandeses junto a soldados americanos y chinos. Obviamente,  tenían que ser alimentados y abastecidos de camino al frente.

Los precios del arroz comienzan a dispararse y se inician las protestas: Churchill ilegaliza los partidos indios y ordena matar a 2.000 cabecillas. Entrado 1943, el descenso del abastecimiento de arroz es alarmante. El hambre comienza a extenderse, empieza a morir gente.

El caso llega al Parlamento Británico. Y Churchill, ante las muertes en Bengala declara lo siguiente.

Algunos diputados liberales y laboristas protestan, ante lo cual, el Secretario de Estado de Churchill declara:

Con lo cual, se acuerda seguir desviando la producción de Bengala al frente y también a zonas como Gran Bretaña o Australia.

Entre mayo y junio de 1943, como si fuera la peste, la hambruna, con el visto bueno de Churchill, comenzó a arrasar Bengala. Miles de personas morían de inanición. En casas o en la calle, algunos trataban de asaltar los depósitos del ejército británico siendo tiroteados. Las calles de Bengala, sobre todo aldeas pequeñas y ciudades medianas se llenaban de cadáveres.

Se calcula que diariamente morían entre 10.000-12.000 personas. Los cadáveres de animales y personas se acumulaban

Churchill, informado de todo esto, y sabiendo lo que pasaba, pues él había dado la orden, declaró:

El mismo desprecio que Hitler mostraba por lo que, él, consideraba razas inferiores, lo mostraba Churchill también.

Hubo soldados británicos que, pocos, que saltándose las órdenes de Churchill y la Administración británica, cedían alimentos a los bengalíes. Era tal la cantidad de gente muerta que en las calles de Bengala se quemaban los cadáveres de las víctimas.

Y, según Staseman, se tiraban tal cantidad de cadáveres a los ríos que llegaron a formarse “deltas de huesos” en algunas zonas.

Un auténtico genocidio ocultado, manipulado, y hasta justificado, que arrojó, finalmente, un saldo de entre 3,5 a 5 millones de personas.

Gracias a diarios locales como Staseman y a la valentía de Ian Stephens, periodista británico que publicó esto en la prensa, se supo. La opinión pública británica y norteamericana quedó en shock. Y los enemigos de los aliados usaron también esto como propaganda.

Viñeta en la prensa (1943) sobre la terrible hambruna de Bengala.

Fue así como, Churchill y Amery, responsables directos de ello, dieron marcha atrás, permitiendo el abastecimiento en Bengala. Esto, unido a la ayuda de EEUU y a donaciones de países latinoamericanos, permitió que las muertes en Bengala fuesen descendiendo.

La Gran Bretaña liberal e imperialista, cometía su genocidio al tiempo que la Alemania nazi cometía el suyo. La historiografía británica siempre ha tratado de excusar esta matanza: desconocimiento, errores, disfunciones del mercado, etc. Lo pueril es que es la misma historiografía que magnifica la hambruna en Ucrania de 1933.

La pregunta que quisiera hacer al lector es: ¿cuántos de vosotros teníais siquiera  constancia de este trágico episodio de Bengala?. Ningún libro de Historia escolar de Secundaria o Bachillerato menciona el suceso. Muchas facultades tampoco lo estudian. Por contra, el tratamiento de Churchill en medios occidentales suele ser laudatorio. Por no hablar de la propaganda revisionista en forma de película del director Jonathan Teplitzky donde no sólo blanquea la figura de este individuo, sino que da entender que la derrota Nazi fue obra de su determinación y compromiso.