Casualidades de la vida… O no

En los años 80, España se convirtió en el país consumidor de heroína por excelencia en Europa Occidental. Nada de ello fue casualidad, España venía de una fuerte movilización e iba, de la mano del PSOE, a entrar en Europa e iniciar una durísima reconversión industrial para entrar.

A finales de los 70, la revista Ajoblanco había denunciado la complicidad del Estado en la distribución de droga.

Otro dato curioso fue la diferente incidencia que tuvo la heroína dependiendo de lo “combativa” que fuese la juventud. Tres noticias del mismo año, 1984, de la hemeroteca de EL PAÍS, indican como había diferencias abismales según la ciudad que se tratase.

Mientras en la conservadora y militar Burgos, los jóvenes consumidores se estimaban en un 3,9% en 1984.

En Galicia y las cuencas mineras asturianas pasamos del 3.9% de Burgos a más del 30% de jóvenes consumidores en 1984.


Si nos vamos a Euskadi, la cifra es ya demoledora. En plenos años 80, con la fuerza que tenía la izquierda abertzale o el movimiento obrero, resulta que la ciudad del mundo con mayor porcentaje de heroinómanos del mundo no era Londres, París, Nueva York o Ciudad de México; la ciudad con mayor porcentaje de heroinómanos mundial era San Sebastián.


Si este dato resulta sorprendente, inquietante es saber que ETA llegó a considerar “objetivo” a conocidos narcotraficantes a los que acusaban de ser “confidentes” policiales; de hecho, hubo varias acciones armadas por parte de la banda vasca contra narcotraficantes.


Mientras esto ocurría, los medios de comunicación silenciaban por miedo a que generaran “simpatías” en sectores de la sociedad española, dado que las muertes por la heroína eran una lacra y algunas voces ya hablaban de guerra de clases.

Ante este escenario, surgieron asociaciones como Madres contra la droga, que denunciaban la inacción policial y la dejadez de las instituciones, como así lo reflejaban habitualmente las protestas contra la droga. Las asociaciones de vecinos también denunciaban como la Policía, y todo el mundo, sabía donde se vendía, y nada se hacía al respecto.

Incluso un sindicato policial llegó a denunciar la situación. En las protestas se gritaba contra la droga… y también contra la Policía.

En Bilbao, el barrio de Otxarkoaga es un ejemplo de cómo la droga se usó contra aquella juventud más movilizada. Una película del director Eloy de la Iglesia, “El pico”, refleja muy bien este escenario donde se entremezclan la droga, el terrorismo y la política.

Pero si un sitio es especialmente conocido por la relación entre drogas y Estado, ese es el cuartel de Intxaurrondo en los años 80. Las investigaciones periodísticas de Egin y un periodista de EL PAÍS llevaban a la Guardia Civil a reconocer pagos con droga. A raíz de la desaparición de alijos de droga en Euskadi, se inició la apertura de una investigación donde se detallaba como miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado participaban en contrabando y tráfico de drogas: informe navajas. Misteriosamente, el informe navajas desapareció y ni siquiera fue tenido en cuenta por la Justicia Española.

Gracias a periodistas como @pepereielkartea (fue encarcelado), se supo todo esto. Su libro, Intxaurrondo, la trama verde, recopila toda esta investigación.

La droga no solo beneficiaba al poder matando la contestación social, sino que incluso, la oligarquía, hacía negocio con ello. El Banco Santander fue implicado en México en 1998 por ser parte de una red que blanqueaba dinero de la droga (ver enlace), aspecto que no es sorprenderte, dada la actual resistencia de la Banca y Wall Street a la legalización de la Marihuana en Uruguay (ver enlace).

Antiguos miembros de la Guardia Civil en Euskadi acabaron implicados en casos de narcotráfico. Así como, no hace mucho, en abril de 2013, ex miembros del GAL fueron “pillados” dedicándose a algunas de sus “antiguas actividades”.

Por otro lado, “casualidades de la vida”, la heroína llegaba a Occidente a través de los “rebeldes afganos” aliados de EE.UU., cuestión que ya hemos referido en un anterior post  (una de las primeras medidas y, una de las razones de la guerra contra el Afganistán socialista, fue la supresión del cultivo de opio).

Volviendo a la heroína, y a España, fue a mediados de los 90, cuando el objetivo ya se había consumado: juventud problemática neutralizada, y una oligarquía triunfante. Todo parecía estar más edulcorado, éramos europeos, ciudadanos del mundo dirían algunos, aquello quedaba en un molesto vestigio del pasado.

Entiendo lógico y razonable experimentar dos sentimientos ante esta lectura; uno es la perplejidad ante lo revelador de los datos; el segundo, más pausado y reflexivo, nos deja un retrogusto de pesadumbre y decepción, la maldad de aquello que nos rodea, los ecos del pasado que ahora sentimos más presentes. Por todo ello, es importante que la resignación no guíe el devenir de nuestra vida como agentes sociales, los indeseables no deben campar impunes; porque ese cáncer, hay que extirparlo.

Post basado en hilo de @_ju1_ vía Twitter.
Nuestro más sincero agradecimiento.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *