Afganistán como nunca te lo han contado: el Afganistán socialista (1978-1992)

Si te hablo de Afganistán, seguramente, la primera imagen que llegará a tu mente será: burka, país atrasado, Al-Queda, el 11S y Bin Laden. Un país donde la vida es un infierno de opresión y pobreza.

Sin embargo, con toda probabilidad, desconozcas que hubo un pasado donde Afganistán consiguió liberarse de las cadenas y entrar en la Edad Contemporánea como una locomotora; este país, hoy atrasado, superaba en algunos aspectos, a la España de aquella época: el Afganistán Socialista, la Revolución de Saur.

Un revolucionario y ambicioso programa de reformas

El gobierno marxista de Taraki inició un programa de amplios cambios en la sociedad afgana: eliminó la usura (de la que se beneficiaron once millones de campesinos), inició una campaña de alfabetización (por primera vez en las escuelas se enseñó en las lenguas nativas de los alumnos y también asistían mujeres), implantó una muy radical reforma agraria, separación total de la Religión y Estado (que, en virtud de la Ley, pasaba a ser constitucionalmente laico), eliminó el cultivo del opio, legalizó los sindicatos y estableció una ley de salario mínimo.

El gobierno de Taraki también promovió la igualdad de derechos para las mujeres: permiso de no usar velo si así lo deseaban, permiso de transitar libremente y conducir automóviles, abolición de la compra de mujeres, integración de mujeres al trabajo y a estudios universitarios, así como a la vida política.

Mujeres afganas en clase en 1981

Los comunistas afganos tomaron medidas para sacar al Pueblo del atraso y la miseria: distribuyeron tierra a 250.000 campesinos, abolieron todas las deudas contraídas por los campesinos con los terratenientes, liberaron 8.000 presos políticos, declararon la educación universal para ambos sexos, centenares de miles de personas fueron alfabetizadas, se aumenta en un 50% el número de médicos y se duplica el total de camas en los hospitales. Como dato significativo, Afganistán permitió el divorcio un año antes que España.

Estados Unidos declara la guerra a la Revolución de Saur junto a sus aliados Pakistán y Arabia Saudí

Estados Unidos vio la situación como una oportunidad única para debilitar a la U.R.S.S., poniendo el fin a la era de distensión iniciada por el ex-Secretario de Estado Henry Kissinger. En 1978, los estadounidenses comenzaron a formar insurgentes y a realizar campañas propagandísticas desde Pakistán. A principios de 1979, oficiales estadounidenses comenzaron a reunirse con los líderes insurgentes. De acuerdo con el entonces Consejero de Seguridad Nacional Zbigniew Brzezinski, la ayuda de la CIA a los insurgentes en Afganistán fue aprobada en julio de 1979, bajo la administración Carter e, impulsada significativamente en la administración Reagan, con un objetivo bien claro:  provocar la intervención soviética .

¿Invasión de la U.R.S.S.?

Cuando se habla de este hecho histórico en la bibliografía o en los medios de comunicación, se califica como “invasión de Afganistán” o “invasión soviética”, equiparándolo con episodios que protagonizó la U.R.S.S. en Hungría (1956) o en Checoslovaquia (1968). Nada más lejos de la realidad. La U.R.S.S. no invade Afganistán, sino que interviene tras recibir la petición por parte del Consejo Revolucionario. No hay que olvidar este dato: la entrada de tropas soviéticas es el 7 de diciembre de 1979, cuando EE.UU. ya había empezado a financiar a los “rebeldes”.

Apoyo abierto por parte de EE.UU. a los islamistas: nacimiento de Al-Queda

Con el apoyo de Arabia Saudí, como en Siria y Libia en los últimos años, EE.UU. no tuvo problema en apoyar a gente sumida en un feroz fanatismo islamista, siempre y cuando estos servieran a sus intereses. Es así, como nace la organización terrorista Al Qaeda (aspecto  que la propia  Hillary Clinton reconoció años más tarde).

En 1981 se producen secuestros de ciudadanos soviéticos que fueron ejecutados como hoy día hace ISIS con sus capturados. En aquel entonces, los medios de prensa, a ese acto, al igual que a los coches bomba, lo llamaban “luchar por la libertad”. De hecho, en medios occidentales de los años 90, Bin Laden era retratado  como un héroe de la libertad.

Artículo de The Indepedent donde muestran a Bin Laden como guerrero Anti-Soviético en camino hacia la paz

Mientras, en España, al igual que la mayoría de la prensa Occidental, el tratamiento informativo era de rebeldes que luchaban contra un régimen“.

Artículo de El País sobre Afganistán de 1988

Por si fuera poco, películas del propagandístico Hollywood, como RAMBO, eran dedicadas a esos simpáticos islamistas que luchaban por “la libertad”… Aunque tras el 11S, tuvieron que maquillarlo.

Dedicatoria original de la película
Dedicatoria rectificada tras el 11S

¿Qué pasó después?

La oposición, calificativo usado por la prensa Occidental para referir a una amalgama de 300 comandantes enfrentados entre si con los bolsillos llenos de dólares de la CIA, termina por derribar el gobierno comunista en 1992. Los “rebeldes que luchaban contra el régimen” exterminan a los defensores del régimen socialista, cortan los dedos a las mujeres con uñas pintadas, sádicamente las violan  y, en la mayoría de los casos, finalmente las matan.

Años más tarde, la CIA, el régimen saudí y el general pakistaní Nasrullah Babar forman un grupo integrista aún más fanático y brutal que toma el poder en Kabul en 1996: los Talibanes. Los EE.UU. pretenden que este régimen no dificulte la instalación de oleoductos que transporten el petróleo centro-asiático a manos de las petroleras norteamericanas (otras vías alternativas por Irán y China no son posibles). Pero los talibanes pronto hacen saber mediante dos gestos lo que va a ser su política: 1) arrastran por las calles de Kabul y cuelgan al último presidente comunista, Najibullah, 2) ordenan a las mujeres a esconderse debajo de una espantosa pieza de tela.

El asesinato de Najibullah podía haberlo evitado él mismo, dado que le ofrecieron salvarse si firmaba un documento favorable a Pakistán, pero se negó a hacerlo; no tardaron en darle una muerte horrenda. Ese mismo día, el titular del editorial del El País rezaba así: El hijo de Occidente (ver enlace).

Ejecución de Najibullah en 1996

Los antiguos amos de la CIA pensaron seguramente que su operación había tenido éxito y que Kabul “ya era libre”. Poco imaginaban, y tampoco sus aliados de la OTAN, que los fanáticos integristas se iban a volver contra ellos.

La Historia de un Afganistán libre, socialista, donde las mujeres podían ser y desarrollarse, donde los pobres y los humildes casi vislumbraron la posibilidad de decidir sus destinos, se esfumó. Por desgracia, execrables y repugnantes intereses sembraron de muerte y pobreza Afganistán en nombre de la libertad: como en Iraq, Libia u hoy día, en Siria.

Los afganos, a pesar de todo, no lo han olvidado. Cabe señalar que una encuesta de Radio Kabul en 2008 preguntaba qué gobierno preferían los afganos: un 93% dijeron que la República Socialista, recordando el periodo de prosperidad vivido en aquellos años que, de momento, parece que no volverá.

Termino con una cita para la reflexión basada en un pensamiento de Noam Chomsky.

“Si niegas la esperanza de cambiar las cosas, le niegas su existencia. Sólo si crees que es posible el cambio, darás la oportunidad a que  éste pueda ocurrir.”

Post basado en hilo de @_ju1_ vía Twitter.
Nuestro más sincero agradecimiento.

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